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Blog de viajes por sudamerica

El eje cafetero, mucho mas que cafe…

El eje cafetero, mucho mas que cafe…

El pueblito de Jardin…

Cogimos de nuevo la ruta, esta vez dirección hacia eje cafetero.

Dejamos la ciudad de Medellín atrás y llegamos a Jardín tras haber pasado 3 horas en una buseta de estas que rezas a cada segundo a dios para que no nos estrellemos.

Nuestra Finca, donde estaremos una semana para ayudar a los dueños a crear una Página web, se encuentra a 6km del mismo pueblo de Jardín, perdida entre montanas, plantaciones de bananas, plantaciones de café y donde se llega solamente por una camino sinuoso de montaña. Para llegar, nuestro anfitrión nos aconseja coger el “transporte público”.

Preguntamos en la misma terminal de buses donde se coge el bus para Morro Amarillo, la área donde teníamos que ir. De repente nos enseña una Jeep, lleno de gente por los cuatros costados donde tratamos tan bien que mal de sentar la mitad de nuestros culetes adentro. Y así, empiezan unos 20 minutos de subida en la montana, entre bananos, en un caminito de tierra mojado por la lluvia que recién había caído.

Patio Bonito es el nombre de la Finca, y es una verdadera joya entre medio de este un paisaje ya precioso. Muy cuidadito, con muchas flores y arboles de frutas varias, nuestro anfitrión, Juan, nos recibe como si llegábamos de vuelta a casa.

Este lugar es la casa de un millón de pájaros que puedes alcanzar a ver con mucha paciencia y con ojos en todas partes. De hecho empezamos a tener una gran afición por estos mismos. Paseando por los caminos y las plantaciones, andamos con los ojos levantados hacia los arboles para no perdernos un pájaro con colores espectaculares que seguramente, jamás encontraremos de vuelta en casa.

El mejor momento para verlos es bien temprano por la mañana. Entonces decidimos levantarnos a las 6 y asistimos a un espectáculo en un teatro bien especial. La escena? El valle tan bonito con sus montanas, sus plantaciones y sus flores. Nuestros asientos? Los mejores…frente a este escenario mágico del amanecer, y a la casita de pájaros donde pusimos bananos y tomates de árbol. Con todo listo, comienza un interminable baile de pajaritos de colores; rojos, naranjas intensos como el fuego, verdes turquesa, azules eléctricos, amarillos deslumbrantes, algunos pequeños, algunos mas grandecitos. Todos, preciosísimos, volando entre los árboles, las flores y la casita de comida. Todos cantan, de hecho es lo único que se escucha en todo el valle, aparte de Gallo que despierta a los trabajadores que empezaran su día en las plantaciones de café, bananos y plátanos.

 

Acá, en Morro Amarillo, distrito de Jardín, se encuentran plantaciones de banano en su mayoría y algunos de café. El vecino de Juan, nos enseña con mucho gusto su pequeña producción casera, para que veamos el proceso de más cerca.

 

La elaboración del café…

Primero de todo, por si desconocían como nosotros hasta ese momento, la fruta del árbol de café se parece a una cerecita. Es una bolita roja. Estas cerecitas se recogen. Algunos campesinos son afortunados, y tienen maquinas a motor para poder procesar el café. Algunos otros, lo hacen manualmente y representa un trabajo colosal. Se saca la cobertura roja, para luego así, obtener la “almendra” de café, recubierta con lo que llaman “la miel”.

En esta etapa del proceso, el café es de color blanco, y a su vez está recubierta de una capa dulce con textura parecida a la uva que recubre la almendra, que es la que mencionamos recién. A partir de ahí, se lava esta almendra con agua para quitarle esta “miel”, y se seca en un secador, que es una cama de malla, de tela mosquitera, en lugar tapado con plástico con similitud a un invernadero.

Este amabilísimo vecino, artista en el proceso del café, nos mostro también algunas “almendras con miel” (el grano blanco sin lavar) secándose, pero en un lugar aparte. Esto, se debe a parte de un experimento, dado que unos coreanos, que exportan su producción a Corea, quieren probar de dejar secar el café con esta parte dulce para ver que sabor tiene, y ver si pueden encontrar la mejor combinación, para un café único.

Siguiendo con el proceso normal, el grano de café una vez seco, esta almendrita, toma el nombre de “pergamino” que sigue teniendo este color blanco. Ahora pasa a otro paso de este proceso, donde se le quita entonces el “cusco”, una finísima piel que cubre la almendra seca. Luego llega el momento de su secado, pero en este caso, no tuvimos la oportunidad de verlo “in sutu”, ya que nuestro vecino terceriza esta etapa, ya que no posee un tostador, un horno bastante costoso y que se justifica tener cuando uno produce mucha cantidad de esta delicia, el café.…

Nos conto también, que el mejor café que se produce en Colombia, se exporta por supuesto, y que lo peor de la producción, es lo que uno suele tomar en los cafés de la ciudad. Este “café malo” se llama “pasilla”, y es, literalmente, la cascara roja que les contábamos al principio, mezclado con los granos que no sirven ni para primera, ni segunda y casi, ni para tercera calidad de café.

Después de conocer esta información, nosotros, que habíamos tomado un café en la plaza del pueblo, asumiendo que estábamos tomando un café buenísimo, y que era en realidad todo lo contrario a un buen café, técnicamente hablando, fue una gran desilusión. Igualmente para los que no saben reconocer un “buen café” de un “café malo”… este “detalle” pasa desapercibido.

Aunque, deberíamos haberlo sospechado. Acá en la plaza del pueblo, en cualquiera de la gran cantidad de barcitos que uno puede encontrar, un “tinto”, que no es un “café expreso” de maquina moderna como solemos ver sino, que es un café de filtro, que claro está, no podría ser de otra manera, ya que pagamos por el 700 pesos colombianos , lo que se traduce, en unos 0,20€! Hahahhahaha

Otro hecho que nos pareció curioso, fue el siguiente… 

 

Vino de pulpa de café!

Hacer vino de café no es algo corriente. De hecho, viene de una intención de los agricultores de hacer algo con la pulpa de café. Esta, se recoge, para hacer abono para las plantas, o, en un caso muy particular, se hace también “vino de café”. Si, vino, dado que (presta atención a este dato)… en Colombia, se producen más de 2.640.000 toneladas de este “desecho” al año. Si!… Son dos millones de toneladas en solo un año! No es un error.

Después de algunas investigaciones, encontraron una manera de utilizar esta parte del café. Este señor le dio el nombre a su producto de “Endraba”, que sindica en idioma indígena de la zona de las cristinas “Fluido esencial”, una manera de rendir homenaje a la comunidad local y al eje cafetero.

Mismo proceso que el vino de uvas, la pulpa de café, no se tira, sino que se prensa, se añade levadura para la fermentación y se deja “hacerse”, por un periodo de unos 2 años, como mínimo. El vino que probamos tenía 10 anos. Es un pelín fuerte, frutal, no estaba mal.

 

Vivir la vida de campesino paisa…

Tras coger 5 autobuses y pasar el día viajando, llegamos a Buenavista. Pueblo tranquilisimo a 1400m de altitud donde se encuentran muchas fincas cafeteras, y plantaciones de bananos y plátanos.

Tuvimos la suerte de vivir la vida de los campesinos cafeteros por algunos días con una familia que como muchas otras aquí en Colombia vivieron muchas tristezas.

Todo empieza en el año 1958. Don Leo tenía 7 años. Solo fue a la escuela unos pocos días, y luego lo enviaron a la montaña a recoger café. Pero si aprendió un poquito a leer y escribir. El recolectaba café todo el día. A los 10 años, rodeado de unos 150 trabajadores del campo, aprendió a beber aguardiente, cerveza, vino, a fumar tabaco, marihuana, aunque comenta que cocaína no, porque en ese entonces no se conocía.

Tiene todo los vicios que le enseñaron los “supuestos adultos”. Y a los 12 añitos, era llevado por sus “colegas” del trabajo a los “locales nocturnos”.

Confiesa que eran muy pobres pero felices, porque los dueños de las fincas cafeteras donde trabaja acogen los trabajadores como si fuesen parte de sus familias.

En 1976, ocurre un hecho mundial que cambia la historia de Colombia, y la de todos los caficultores. Esta situación es la pérdida total de todas las plantaciones de café de varios países latinoamericanos, especialmente Brasil, que era el mayor productor de café del mundo, excepto, Colombia. Esto genera que el precio del café se dispare drásticamente, y su precio se multiplique por 10, en pocos más de 10 días. El café ahora, se disputa como subasta, y como si del mismo oro se tratase.

Este acontecimiento es aprovechado por varias partes. Por un lado, el gobierno que aprovecha para aumentar todos los precios en general; ropa, gasolina, comida, luz, tasas etc. Pero, algo no cambia… El salario de los trabajadores del café. Lo que genera una desigualdad social inmensa en la sociedad colombiana.

Y por otro lado, los que no podían faltar… La guerrilla. Estos aprovechan también esta situación y encuentran la oportunidad de reclutar a los jóvenes del campo, mayoritariamente entre 13 y 15 años, para supuestamente luchar contra el gobierno en defensa de los campesinos, cuando la guerrilla misma, era ya un enemigo de los campesinos. Viendo el engaño del objetivo de “la causa”, los campesinos deciden dejar de unirse a la guerrilla.

Lo que provoca que ésta, ahora por la fuerza, a través de secuestros o amenazas, se lleven los jóvenes de igual manera, donde también se llevaban las niñas, que si tenían la “mala suerte” de ser bonitas, eran utilizadas como amantes de los grandes jefes guerrilleros, y si no, eran violadas innumerables veces por estas lacras.

Esto, hace que miles de padres y abuelos recogieran sus cosas, y a veces ni eso, y dejaran sus casas para marcharse a las grandes ciudades, o en los mejores casos si su situación económica les permitía, a otros países, para evitar de este modo, que los guerrilleros les arrebataran sus niños.

Como es de imaginar, los abuelos vendían sus fincas, muchas veces forzados por auxiliares criminales de la misma guerrilla, a precios miserablemente ridículos, y en algunos casos casi por nada. Y así, una a una, lo mismo sucedía con las fincas vecinas.

Estos líderes criminales lo que hacían luego era que tumbaban las fincas, unían estas, y así las transformaban en haciendas, es decir, en fincas gigantes, muy lujosas, y, lejos de estas, aunque en la misma hacienda, construirán uno edificios muy grandes donde ponían a los trabajadores, sin cama, sin baños, sin aseos, muchas veces durmiendo solo sobre las mismas bolsas donde recolectaban el cafe, y a veces sobre los mismos suelos de tierra, comiendo basura, siendo humillados más y más cada día.

Otra situación vuelve a generarse entonces, y es el desplazamiento de muchos de estos trabajadores del campo. En el caso de Don Leo, fue desplazado a la Sierra Nevada de Santa Marta, a una plantación gigante de marihuana.

Pero esto no iba a quedarse solo ahí. La violencia llegó a las montañas, dada por el auge del consumo de esta hierba, que en su mayoría era exportada a Estados Unidos, y que el narcoterrorismo producía.

Otra vez, el desplazamiento hace su juego. Ahora, el destino de Don Leo es hacia la frontera entre Brasil y Colombia, puntualmente a Puerto Nariño, a una plantación de coca, inmensa, que cubría montañas.

La situación era más que peligrosa dado el acecho del ejército que en muchos casos donde detectaba movimientos en la zonas, bombardeaba indiscriminadamente estas plantaciones. Pero Don Leo no era un campesino más, él, era alguien que sabia que tenía que dejar aquello, siendo inteligente, y aprendiendo y siendo el mejor entre los suyos.

Durante el día recolectaba la hoja de coca, y por las tardes-noches, visitaba al químico que elaboraba el producto deseado por los narcoterroristas, en muchos casos, con una celosa incomodad que intentaba desertar a Don Leo de sus “visitas”.

Con el pasar de los días, Don Leo rápidamente aprendió este proceso, que una tarde, tras la enfermedad de fiebre amarilla del quimo, tuvo que asistir a éste para poder terminar el trabajo. Hasta que un día, con el químico ya en cama esperando la muerte por su enfermedad, Don leo, ocupó su puesto, convirtiéndose indeseadamente,  en el químico encargado de elaborar la cocaína.

Dado su nuevo puesto, y llegado el momento de recibir su primera paga, Don Leo recibe por primera vez la increíble suma de 80.000 pesos, dinero que confiesa, no había visto junto jamás en su vida.

Don Leo era (y es) inteligente e inmediatamente sabía lo que tenía que hacer si quería seguir con vida. En este negocio, si no te mataban los mismos narcotraficantes, lo hacía la policía o en sus mejores casos, terminabas preso.

Así que en la tarde tomó la mejor decisión de su vida. Esa mismísima noche, escapó con su dinero en el bolsillo, hacia una vida mejor lejos de la guerrilla, de los vicios, y los narcotraficantes.  Tras 5 días caminando por las montañas, con tan solo una botella de agua panela, Don Leo encuentra una casa donde le brindan ayuda.

Con ese dinero, Don Leo vuelve al Quindío, donde abre una pequeñísima tiendita. Como dice él, con la ayuda del Dios del cielo y la de su señora, su negocio creció y creció, convirtiéndose en el mayor negocio de la zona.

Esto le permite entonces, después de hablar con su familia, cumplir el sueño de su vida. Comprar su propia finca cafetera, construir una bonita casa, para así poder mostrarle a toda Colombia que no es necesario humillar a nadie, ni denigrar a nadie, para lograr llevar un negocio adelante, esto, sin tener que hacer a los trabajadores vivir de manera inhumana, porque que los trabajadores merecen respeto, amor, igualdad de condiciones.

Tal es así, que hoy en día, en su Finca, todos los trabajadores duermen en una habitación privada, con baño privado, comen todos la misma comida igual que él y su familia,  todos juntos, como una familia. Se habla, se comparte, se vive, se aprende todo como dentro de una familia grande, y ese, es el verdadero espíritu del campesino.

Un espíritu que hemos tenido la gran suerte de vivir. Y no solo esto, sino del exquisito y minucioso proceso del mejor café del mundo que produce esta gran finca llena de café, cacao, bananos, plátanos, guayabas, guanábanas, naranjas, mandarinas, ananás, y un sin fin de frutas más.

Pero para descubrirlo, solo les quedan dos opciones. Una, visitar la finca realizando el tour del café donde tendrás todos los detalles de la mano del mismo Don Leo.

Su pasión, su amor, sus ganas de mostrarle al mundo lo que es ser un campesino, comprometido con sus trabajadores y el medio ambiente, no se puede describir en palabras.

Gracias a dios, lo hemos vivido durante casi dos semanas en la mejor zona del café colombiano, ubicada en Buenavista, a tan solo una hora de Armenia, en la región del Quindío.

La otra, es leer el párrafo anterior.

Este manera de “sustentar” nuestros viajes realizando “voluntariados” mientras hacemos una gran inmersión dentro de la sociedad de cada pueblo que visitamos, no solo nos da la posibilidad de aprender cosas que jamás imaginamos vivir, sino también de enriquecernos inmensamente conociendo gente de todo el mundo que han hecho que esté experiencia sea inolvidable, y de cada uno de ellos nos han aportado algo. Mientras trabajábamos traduciendo lo tours en la finca, conocimos a Luis, Frederic, Julio y Alegría, Mehmet, Mariza, Malwina entre otros.

Solo nos queda agradecerles, esperar poder volver a encontrarlos en el camino, y que sean muchos más los que contribuyan a esta experiencia inolvidable que deseamos seguir compartiendo con ustedes.

Y si desean vivir lo mismo, los invitamos a armar sus maletas, tomarse unas buenas vacaciones, y lanzarse al mundo que seguro encontrarán eso que les aportará cosas que les hagan más felices, más alegres y que seguramente jamás olvidaran.

Así que amigos… A planear vuestros próximos viajes! Acá estaremos para leer sus anécdotas.



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