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Blog de viajes por sudamerica

Un día con una familia de la comunidad indígena Wayuu

Un día con una familia de la comunidad indígena Wayuu

En Palomino conocimos a una familia de Valledupar, ciudad a 3h en coche de Riohacha. Ellos; Gloria, Fer y María del Mar, super amablemente nos trajeron a Riohacha, nuestra siguiente etapa. Queríamos visitar el Santuario de los Flamingos, que nos parecía precioso, y Gloria, nos dio el contacto de un guía Wayuu que ella conocía de una última visita en el Santuario. En este momento, no sabíamos que iba a ser uno de los días más interesante desde que llegamos a Colombia.

El Santuario de los Flamingos, establecido como tal en 1977, posee una superficie de 7000ha, compuestas de lagunas con agua dulce o salada, dependiendo de la temporada, de Manglares (mangle salado, dulce y rojo) y cobija múltiples tipos de aves, flamingos, peces, ostras, jaibas (cangrejo azul), y camarones. Los flamingos que tuvimos la suerte de avistar desde nuestra lanchita de madera y una vela improvisada sobre un mástil de palo,  migran de todo el Caribe, llegan para aparearse en el Santuario, y luego vuelan hasta Venezuela para poner “el huevo”. Si… uno solo. De hecho es el único huevo que pondrán hasta el año siguiente.

Rodeando el Santuario se encuentran 9 comunidades indígenas. 7 Wayuu y 2 Afro. Se distinguen por el idioma, y la ubicación de sus viviendas. Los Wayuu viven en la playa y no hablan prácticamente castellano. Los Afro viven en pueblos, ciudades y si lo hablan. Estas comunidades viven mayoritariamente de la pesca, de la artesanía y de los tours que hacen en el departamento de la Guajira.

Nuestro guía, Aristidis, tuvo la amabilidad de aceptar nuestra propuesta de comprar nosotros la comida y comer con su familia en su casa mientras nos contaba mas sobre su cultura Wayuu. Nosotros buscamos en este viaje descubrir culturas, y esto, no lo íbamos a encontrar en el restaurante turístico, y aparte, nos interesaba probar comida casera y local. Y que mejor en una casa de una familia Wayuu.

Aristidis está casado. Tiene 3 hijos y uno más que está en camino. “Pidió” a su mujer en matrimonio según la tradición Wayuu, es decir, “colaborando” con chivitos, dinero, y otras cositas mas para el que hoy llama suegro. . Cuando llegamos a su casa, nos encontramos con su familia y su suegra. Una señora Wayuu, hablando poco castellano, sonriente. Esta, en la cocina charlando, nos comenta que tiene 14 hijos, que su hermana tiene 16, y su tía tenía 18. Nos quedamos estupefactos.

 

Echamos con mucha curiosidad un vistazo a la casa.  Mas que sencilla y humilde,  con chinchorros (hamacas paraguayas) en cada sala. No tienen agua corriente. Como dijimos, viven de la pesca, principalmente del camarón, nombre este,  que la identidad al pueblo; Camarones.  Aristidis tiene, en su casa, tanto dentro como fuera de ella, camarones secándose, para comer y vender. Su mujer y suegra nos dan el honor de prepararnos un arroz de camarones para almorzar, con patacones (plátano verde frito y aplastado) y ensalada. El proceso es tan divertido como interesante, ya que cocinan con fuego de leña. El plato típico es el Friche (chivo frito), que en esta ocasión no pudimos probar.

Mientras las mujeres cocinan, porque en la casa de Aristidis como en las de la mayoría de los Wayuu, solo las mujeres cocinan, también se encargan de los niños y tejen. El nos cuenta un poco más de las tradiciones de su comunidad. Los Wayuu son polígamos, si tienen dinero para serlo, porque deben contribuir para tenerlas, de igual manera con chivos y dinero. Tal vez de los más increíbles relatos de su cultura, y que fue el hecho que más nos marcó; dice que cuando una niña empieza la adolescencia, es decir deja de ser niña para ser una “mujer”, la encierran durante dos meses en una habitación, con el solo derecho de poder ver a su madre o abuela. Durante este tiempo, ellas le enseñaran a tejer, a hacer artesanías, para que de este modo, poder apoyar financieramente a su familia y futuro marido llegado el caso. Con cierta aceptación y entendimiento, nos asegura que esta tradición antigua no se está perpetuando demasiado en la comunidad Afro, pero que sigue bastante firme en la comunidad Wayuu.

Visitamos también la zona de casas en el Santuario, llamada “La Ranchería” donde predominan las casas construidas de barro, y su gran mayoría posee un corral ocupados por chivitos. En este entorno, contrastan los hombres que miraban como si no existiese otro mundo,  en una tele pequeña de la única tienda del pueblo, con 35° a la sombra, el partido de football​ del Barcelona donde perdería por 3-0 contra la Juventus. Acá, la pasión del fútbol, nos demuestra su presencia, incluso entre casas de barro de los Wayuu!

 Dejando atrás esta excitante experiencia, comenzamos el regreso a Riohacha. Tomamos primero una moto taxi que nos ofrece llevarnos a los dos hasta Camarones pueblo. De ahi, compartimos un taxi con otra gente, donde por sus viejos parlantes suena un ballenato tras otros tan dulce como ensordecedor, que nos hace sentir que deberíamos haber permanecido en este Santuario. Rodeados de aves que con la misma sensación que nosotros llegan de varias partes del mundo a instalarse una temporada ahi, disfrutando de la sencillez plena de la vida, de la naturaleza en plena expresión, con una suave brisa salada del mar.



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